Naqsh-Athar
el trazo que deja huella en la realidad
¿Qué hace este objeto frente a mí, entre mis manos?
¿Qué revela ante mis ojos?
Pregunto, inocente, pues la pregunta no proviene del exterior. Vive en el interior de mi mente, donde el mundo físico se manifiesta y la realidad se transforma.
Así, Naqsh-Athar ha comenzado a operar. A modificar el mundo. A influir en el destino. En mi destino.
En Naqsh-Athar todo es intención/Fuerza. Nada es casualidad/explicaciones.
Naqsh-Athar fue trazado por alguien, por algo, cuyo deseo se encuentra manifiesto en el discurso.
Escondido de la mirada que lo corrompería.
Me exige actuar. No comprender.
Sé que fue creado para llegar a mis manos, frente a mis ojos.
Ante mí, Naqsh-Athar se materializa. Se convierte en acción y, así también, en reacción.
¿Qué debo hacer ahora, para cumplir o negar su voluntad?
Un manuscrito intencionado para influir activamente sobre el destino del mundo
Cuentan que en el siglo II, un peregrino llegó a la morada de Allah y recibió allí un pequeño medallón de arcilla con la imagen de un círculo incompleto. Cuentan que el peregrino encontró en él su propio rostro. No como espejo — pues no devolvía su imagen física — sino su estado: la incompletud. Se arrodilló. Comenzó a orar. Y mientras oraba, grabó sobre el medallón las palabras que no podía pronunciar en voz alta, completando así la figura del círculo. Cuentan que este medallón adquirió así el poder para atraer y repeler; contener y soltar, pedir y recibir: completar e iniciar.
Nadie sabe qué palabras contenía. El medallón no existe. Pero la práctica persiste: el trazo en figuras circulares para activar el discurso y promover una intención: la de influir en el mundo mediante la palabra.
Naqsh. Del árabe antiguo: grabar, inscribir, dejar una marca intencional sobre una superficie. No escribir — grabar. Quien escribe deposita. Quien graba, transforma.
Athar. También del árabe, también antiguo: la huella, el efecto, lo que permanece después de que algo ocurrió. No el acto — su consecuencia. No la causa — su rastro en el mundo.
Naqsh-Athar: el trazo que deja huella en la realidad.
No son opuestos — son el mismo gesto visto desde dos momentos distintos. Entre los dos, algo se mueve en el mundo. Y se revela.
Cada uno lleva grabado en su interior un manuscrito ilegible a simple vista. Para encontrarlo habría que acercarse mucho. Casi imposiblemente cerca. Leer sus palabras resulta innecesario, pues llevan el espíritu de la intención de crear una huella tangible en el mundo físico. No la de ser leídas, comprendidas o interpretadas por alguien.
¿Qué intención tiene esta particular forma de Naqsh-Athar?
Pregunto sin obtener respuesta, pues su contenido es casi imperceptible. Su origen se encuentra oculto. Su destino también.
La intención de Naqsh-Athar entra en mí. No es casualidad. Es la forma como opera el mundo: El trazo busca su superficie. La intención busca su destino y se materializa aquí.
Así, Naqsh-Athar se expande. Busca convertirse en una nueva intención manifiesta por alguien más. La de atracción o repulsión.
¿Será mi destino volver a intencionar Naqsh-Athar?
¿Con cuánta vehemencia deseo que algo ocurra en el mundo físico? ¿Qué ofrecería a cambio para que esto ocurra?
¿O soltaré esta invitación a ejercer una influencia en el mundo? ¿Dejaré de leer estas líneas y creeré olvidarlas?
La decisión ya ha sido tomada. Se convierte en acto concreto y, con ello, en influencia sobre el mundo material.
La intención no se lee: Se porta. Se habita.
Naqsh-Athar
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